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De jueves a domingo, de Dominga Sotomayor La mirada de Lucía

En un comienzo de año marcado por los galardones a cintas chilenas en Sundance (Violeta se fue a los cielos y Joven y alocada), el debut en el largometraje de Dominga Sotomayor se suma con un comienzo envidiable en su periplo festivalero: obtuvo uno de los tres premios Tiger que otorga el prestigioso festival de Rotterdam, uno de los certámenes de cine más vanguardistas del mundo. Pamela Biénzobas presenció la ópera prima de Sotomayor en Rotterdam y nos da sus primeras impresiones.

Por Pamela Biénzobas desde Rotterdam

Dominga Sotomayor es efectivamente muy joven (nació en 1985), pero podría pasar incluso por una adolescente con su estilo natural y su cara de niña, y hacer pensar que es por eso que se concentra tanto en la infancia. Igualmente, a primera vista podría parecer que la excelente Santi Ahumada fue elegida para protagonizar De jueves a domingo porque sería posible tomarla por la propia realizadora hace unos quince años.

Sin embargo, el notable primer largometraje de Sotomayor no podría estar más lejos de la ópera prima ombliguista. No se trata de contar su vida, sino más bien, tal como en sus cortometrajes, de situarse en un punto de vista en el que muchos podrán reconocerse en cierta medida: la mirada del niño hacia el mundo de los adultos, en el que a fin de cuentas prácticamente todo niño está obligado a vivir. En ese sentido, la insistencia de la cineasta en su temática no es para hablar de ella misma, sino para hablar desde un lugar que conoce bien y centrarse no tanto en la anécdota sino en la percepción, transmitida en De jueves a domingo con gran sensibilidad y modestia.

La historia es simple: un matrimonio al borde de la separación parte un fin de semana de verano con sus dos hijos (Lucía, la protagonista, y su hermano menor) a buscar un terreno en el norte que pertenece a la familia del padre. El objetivo es en cierta forma comprobar su existencia con la vaga idea de algún día construir ahí una casa, pero también definir la situación de la pareja y anunciarla a los niños.

La historia es simple y casi una excusa: lo que importa, y que se logra con creces, es cómo Lucía ve, percibe, comprende, no comprende y sobre todo siente una multitud de estímulos que un niño recibe a menudo sin saber o poder jerarquizarlos. La tensión entre los padres, la inmensidad del paisaje, el aburrimiento y las ganas de juego, la necesidad de independencia, la impresión de un quiebre inminente, el atractivo de esa casa soñada que podría ser suya, la curiosidad frente al mundo... Desde la primera toma, en que Lucía es sacada de la protección y la tibieza de su cama para partir de viaje al amanecer, De jueves a domingo establece su pacto inquebrantable con la niña, y se resiste a lo largo de su hora y media de duración a pasar al punto de vista de un adulto (de otro personaje o de la realizadora) para ordenar o explicar.

La directora de fotografía Bárbara Álvarez tiene a su haber una filmografía estilísticamente muy diversa (de El custodio hasta La vida de los peces; de Whisky a La mujer sin cabeza), pero que tiene como punto en común la creación de atmósferas y su percepción –a menudo parcial o distorsionada– por un personaje. La elección fue precisa, y el resultado aporta toda la coherencia y la belleza que De jueves a domingo requería para evitar un aspecto de principiante. Filmada en Super 16, aprovechando la luminosidad de un paisaje tan soleado como el Norte chileno, la imagen acompaña la percepción infantil incierta, voluble y tremendamente receptiva.

Esa incertidumbre pasa también por la decisión de evitar las referencias muy marcadas, sin por ello quedarse en la abstracción. Sabemos desde la imagen inicial, pero también por ciertos diálogos, que la familia de Lucía pertenece a determinado medio social, pero ello no condiciona a los personajes sino que les da un contexto y permite a la niña observar a sus padres expresarse sobre ciertas situaciones (como la mención acusatoria a la empleada doméstica), en un momento en que claramente está aprendiendo a verlos y quererlos en su imperfección. Asimismo, las referencias temporales contradictorias permiten la sensación de familiaridad de las referencias reconocibles, pero impiden situar claramente una época: los autos son antiguos; las canciones de otra época, pero los contactos se mantienen vía Facebook.

La opción permite sin duda que De jueves a domingo interpele tanto a quien cantó las mismas canciones en un viaje por esas mismas carreteras, como a quien, al otro lado del mundo o desde otra experiencia de vida, también en algún momento fue un niño observando con su propia, incompleta pero irrebatible lucidez un mundo hecho por y para los adultos.

 

> Vanessa Torres dijo: 07 de Octubre de 2012 a las 19:12 hrs.
¡¡¡ SIMPLEMENTE FELICITACIONES ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
> Saul Goodman dijo: 28 de Agosto de 2012 a las 18:13 hrs.
This film looks soooooo good. CANT WAIT. ps anyone watching any horror films. ya'll should check out Truth or Dare. definitely worth a look. truthordarefilm.com
> francisca dijo: 09 de Febrero de 2012 a las 09:09 hrs.
Que critica más sensible y certera.
Parece que conocieras a Dominga profundamente.
Te felicito por escribir tan preciso.
Es una película echa con el corazón y con una inteligencia artística notable.
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