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Cannes 2012 (2) Resignación y alegría

NO, la película sobre la campaña del plebiscito con que Pablo Larraín cierra su trilogía en torno a la dictadura, fue recibida con ovaciones en Cannes, nuevamente en la Quincena de los Realizadores cuatro años después de Tony Manero.

Por Pamela Biénzobas desde Cannes

Vencer a la dictadura con las herramientas de la derecha, y sentar las bases de lo que sería la sociedad, la política y la mentalidad de chile durante el siguiente cuarto de siglo. Con esos términos, más o menos, se refiere el equipo del NO a la campaña que llevó al triunfo de la oposición a Pinochet en el plebiscito de 1988. Dirigida por Pablo Larraín, escrita por Pedro Peirano sobre una obra de Antonio Skármeta, y protagonizada por Gael García Bernal, Alfredo Castro y Luis Gnecco, esta última parte de una trilogía iniciada por Tony Manero y continuada por Post Mortem es de lejos el más realista de los retratos del chile del golpe de estado y la dictadura. La metáfora fue cediendo lugar a la recreación; el psicópata fue integrándose socialmente. Y la amoralidad del comienzo se convirtió en posición política asumida.

Gael García Bernal en NO

El uso de material de archivo, el rodaje en U-Matic para equiparar las texturas y para lograr la "imagen sucia" que para Larraín requería la época y la minuciosa dirección de arte trasladan eficazmente a 1988, sumergen al espectador en un presente palpable, y no una evocación bien hecha del pasado. Pero la sensación de presente viene sobre todo de la tremenda actualidad del discurso, tan perverso como absolutamente necesario, con que ganó el NO en el plebiscito. Un discurso que sirve para vender tanto la desaparecida bebida Free, la teleserie Bellas y audaces, o el fin de la dictadura de Pinochet.

Gael García Bernal encarna a René Saavedra, un publicista retornado del exilio en México, empleado en la agencia de un creativo reaccionario (Alfredo Castro), y reclutado por el dirigente opositor interpretado por Luis Gnecco para darle forma a la franja del NO. Mientras algunos sienten que el hecho mismo de participar en el plebiscito es un compromiso con la dictadura, otros, que piensan que de todos modos el plebiscito está perdido por adelantado, no soportan la idea de no ocupar el cuarto de hora de expresión televisiva con legítimas reivindicaciones ideológicas y de justicia. Pero René siente que el triunfo es posible, y sabe que la única manera es vendiendo un sueño de alegría, y no convenciendo conciencias.

Pese al desenlace conocido, NO consigue construir una tensión y una ansiedad que sostienen un ritmo jadeante. Los diálogos reflejan el desconcierto de la época, las escenas de suspenso recuerdan la fragilidad de la vida bajo una régimen que seguía recurriendo al terror, y el montaje corresponde a la urgencia de un momento histórico en que todo estaba en juego.

NO es una película basada en la esperanza, pero terriblemente desesperanzada. De haberse realizado hace 20 años, sería la crónica de un triunfo magnífico. Realizada hoy, es una constatación amarga, sobre todo en el contexto de la trilogía que integra. Ese "mapa de lo que serían los próximos 24 años en Chile", como lo describe acertadamente Pablo Larraín, establece una cartografía de un territorio tan dañado por la violencia a la que ha sido sometido, que sólo puede –o sólo osa– levantar un campamento de urgencia sobre las ruinas, en lugar de aspirar a reconstruirse desde sus fundamentos. NO capta precisamente el momento en que, arrinconado por las circunstancias históricas, Chile aceptó ese camino con resignación. Y cantándole a la alegría.

> maría victoria carvajal campusano dijo: 01 de Junio de 2012 a las 22:14 hrs.
La conclusión de que los chilenos desechamos reconstruir el país desde sus fundamentos ostenta liviandad y desconocimiento Quienes sufrimos la dictadura valoramos profundamente el restablecimiento de la democracia, el funcionamiento de las instituciones, la apertura de la educación para la inmensa mayoría de los jóvenes, el crecimiento económico,la superación de la extrema pobreza.El 70% de los chilenos que espera que Bachelet sea la próxima presidenta así lo entiende.La alegría no es jolgorio, es un sentimiento que emana de un estado tranquilidad, por eso los chilenos estamos más alegres y nos gusta construir entre todos, meditadamente un país mejor, con mayor equidad y oportunidades para los ciudadanos.
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