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Ya no basta con rezar Los curas obreros y un cineasta cristiano-marxista

La petición de "informar" solicitada por la nunciatura apostólica –y que el cardenal Ezzati contestó con una celeridad que ya quisieran los familiares de niños abusados sexualmente por sacerdotes-, por la conducta de tres curas identificados con el mundo popular y una mirada más progresista de la sociedad, los padres Mariano Puga, José Aldunate y Felipe Berríos, causó molestia tanto en los círculos católicos chilenos como en los no católicos, que reconocen en estos religiosos un compromiso con los más pobres. Este hecho controversial nos recordó un film de Aldo Francia cuyo título lo dice todo.

Por Pamela Biénzobas

Ya no basta con rezar si permaneces pasivo. Rezar es un artificio para poder escapar. Ya no basta con rezar. Es en la lucha, en la acción, donde se prueba el cristiano. Luchando por sus hermanos avanza en su religión. Y no le basta rezar. Ya no basta con rezar, con los puños bien en alto marchan moros y cristianos a enfrentar la realidad.

Osvaldo “Gitano” Rodríguez

La noticia de la denuncia (o envío de antecedentes recopilados para información de las autoridades jerárquicas, si se prefiere) sobre las críticas públicas de tres sacerdotes comprometidos y mediáticos, por parte del señor Ricardo Ezzati –cardenal de la iglesia católica, esa institución tan poderosa en un país cuyo Estado es laico–, me recordó, por un lado, por qué soy decididamente anticlerical, y, por otro, por qué, pese a ello, algunos de mis héroes fueron sacerdotes, a Alberto Hurtado o el Abbé Pierre. Ellos canalizaron los valores humanos universales por los que los admiro a través de la identificación con el catolicismo, pero lo esencial era y es la coherencia con que vivieron y lucharon por los otros, guiados por convicciones y principios que no tienen etiqueta religiosa y mucho menos eclesiástica.

Y en esas asociaciones espontáneas e indomables de la mente, el caso también me hizo rememorar la voz del Gitano Rodríguez cantando los versos citados más arriba, y la imagen de Marcelo Romo en Ya no basta con rezar. El segundo y último largometraje de Aldo Francia, filmado en 1971, nació, según contó el pediatra-cineasta porteño en su libro "Nuevo cine latinoamericano en Viña del Mar" (CESOC Ediciones Latinoamericanas, 1990), de su posición de "cristiano-marxista", como se definía, ante dos situaciones paralelas: conocer las experiencias de los sacerdotes socialmente comprometidos Ignacio Pujadas y Darío Marcotti, y a la vez oír y leer las preocupaciones espirituales de las autoridades eclesiásticas, como relató:

Afiche original de la película

"Un amigo me habló de hacer un documental sobre el increíble arzobispo de Valparaíso, Emilio Tagle, quien en plena conmoción social seguía sacando a luz un tema de la moral patriarcal neolítica: la desnudez de la mujer en la playa. Y año tras año, para la época de Navidad, precursora del veraneo, volvía a insistir, con una circular, sobre el 'uso del bikini', excomulgando a las que lo usaren y a los familiares que permitiesen a sus hijas usarlo. Un hecho de la 'antología del ridículo', totalmente anacrónico y que no se compadecía con los tiempos de hambre, miseria e injusticia social que estábamos viviendo. Allí estaba mi película." ("Nuevo cine...", pág. 219-220).

Al igual que su ópera prima Valparaíso, mi amor (y que La guerra de los viejos pascuales, que nunca llegó a filmarse debido al golpe de Estado), Ya no basta con rezar fue escrita junto a José Román, con la participación en el guión del sacerdote Darío Marcotti, además de Jorge Durán (quien propuso una solución a un problema ya avanzado el rodaje).

A través de la sucesión y contraste de situaciones a veces caricaturales (justamente aquéllas inspiradas más directamente de la "realidad", como la homilía sobre los bikinis), algunas graciosas para aliviar la tensión, y, de manera general, demostrativas y denunciadoras, se va desarrollando la disyuntiva del padre Jaime (Marcelo Romo, que confiere con su sola mirada la densidad necesaria al personaje), que trabaja junto al conservador padre Justo (Tennyson Ferrada) en el seno de una parroquia burguesa, con feligreses caritativos que dan limosna e incluso organizan actividades en beneficio de los pobres.

La incomodidad de Jaime, a quien carcome la conciencia social y que trata de obrar de manera coherente, se hace insostenible cuando los obreros del astillero que pertenece al más rico de sus parroquianos se van a huelga. Poco a poco, va enfrentándose con su entorno, que claramente no es donde quiere estar. Hasta que parte a los cerros a fundar una parroquia, y desde allí predicar y actuar.

La implicación y la indignación del padre Jaime (o "mi amigo", como invita a llamarlo a un obrero agnóstico) va creciendo hasta aquella imagen final, que Francia cuenta que ya tenía en mente tanto para el cierre como para el afiche aun antes de tener el guión: el cura lanzando una piedra en una manifestación.

Pese a deficiencias importantes en la mezcla de sonido, que acentúan los problemas de dirección de actores a nivel de los diálogos de los secundarios, una vez que se acepta y se hace abstracción de la dicción exagerada, se puede seguir la evolución esquemática de un guión que cumple impecablemente su vocación expositiva.

De manera didáctica, por ejemplo, el personaje secundario del jefe de policlínico aporta no sólo su genuino interés por los pobres, sino elementos concretos sobre la desesperada situación sanitaria en ciertos barrios que sufren una epidemia de tifus. Asimismo, algunos diálogos, sobre todo entre los sacerdotes principales, representantes de dos sectores opuestos de la iglesia y de la sociedad, son de antología. Y seguramente reflejan aquellos que se pronuncian a diario hoy mismo entre aquéllos que conciben su sacerdocio como una servicio a los más desamparados, y... los otros, que suelen ser los que detentan la autoridad.

Por citar algunos ejemplos: poco antes de obtener la explicación del médico, cuando Jaime se preguntaba en voz alta por qué la enfermedad azotaba sólo esa parte de la ciudad, Justo había respondido simplemente "¡Si nos preguntáramos por cada uno de los designios del señor...!". Más tarde, exasperado con los discursos sobre la buenaventura de los pobres, esos afortunados favoritos del señor, el joven cura responde a su superior: "Eso deja conforme a demasiada gente, sobre todo a los que no comparten esta pobreza."

En otro momento, la negativa de Justo de ir a celebrar misa a los cerros, pues los pobres tienen la obligación mínima de desplazarse hasta la iglesia, la "casa del señor", inspira en el personaje del padre Jaime una respuesta que resume el dilema que finalmente lo lleva a fundar una parroquia improvisada en una población, y que probablemente atormenta a más de una persona íntegra y generosa que se define como católica: "No estemos tan seguros de dónde está la casa de dios".

"A mis amigos cristianos... por ser cristianos" es la dedicatoria final, impresa sobre el fotograma de la pedrada, de un médico y artista creyente a quien no le bastaba con rezar.

 

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