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Metropia

Trece años de monos Un siglo animado

En el festival de San Sebastián, la retrospectiva temática de este año, "Animatopia, los nuevos caminos del cine de animación", recorrió la amplia variedad de propuestas de este comienzo de siglo. Una década de animaciones marcada por la diversidad y las nuevas técnicas computacionales. (Foto: Metropia)

Por Pamela Biénzobas

De que San Sebastián estuvo animado este año, no cabe duda alguna. El cine de animación más reciente irrumpió en todo el festival, desde la apertura con la argentina Futbolín (rebautizada Metegol para España) de Juan José Campanella, hasta la presencia del último largometraje de Hayao Miyazaki, Kaze tachinu (The Wind Rises), y de L'Image manquante, de Rithy Panh (vista y comentada en Cannes), en Perlas, además de la uruguayo-colombiana AninA (Alfredo Soderguit) en Horizontes latinos, la francesa Minuscule, la vallée des fourmis perdues (Thomas Szabo y Hélène Giraud) en Zabaltegi, el corto vasco Hotzanak (Izibene Oñederra) en Zinemira y cuatro de los cinco títulos de la sección Cine infantil: las españolas El corazón del roble (Ricardo Ramón y Ángel Izquierdo) y El pequeño mago (Roque Cameselle), la japonesa Doraemon: Nobita no Himitsu Dogu Museum (Yukiyo Teramoto) y la francesa Zarafa (Rémi Bezançon y Jean-Christophe Lie).

Entre la imagen generada por computación de Futbolín o de los insectos de Minuscule (combinados con escenarios reales), con sus proyecciones en 3D, los dibujos clásicos de Zarafa, la gráfica expresionista de Hotzanak o el uso de muñecos y maquetas en L'Image manquante para representar lo irrepresentable, o aquello de lo que no queda registro, es innecesario decir que la animación goza de una gran vitalidad y variedad hoy, tanto en sus técnicas como en sus empleos y públicos objetivo.

No fue una sorpresa, entonces, pero sí un placer, que la retrospectiva temática de este año echara una mirada hacia lo que se ha estado haciendo en los últimos años. "Animatopia, los nuevos caminos del cine de animación" revisitó a través de veinticinco títulos algunas de las propuestas que han marcado la escena internacional (aunque sobre todo la europea y asiática) en lo que va del siglo XXI.

De Profundis

Si la gran mayoría tuvo en su momento una indiscutible visibilidad, pasando por festivales como Cannes o Venecia, u obteniendo premios en Annecy, la cima del cine animado, también quedó sitio para descubrimientos, con creaciones comparativamente más confidenciales. Así surgió desde el fondo del mar la maravillosa De Profundis (2006), del gallego Miguelanxo Prado, dibujante de la serie de televisión de Men in Black y conocido por sus novelas gráficas. Con música de Nani García interpretada por la Orquesta Sinfónica de Galicia, y cuatro años de pintura, Prado regala ochenta minutos de ensoñación pura. Como un canto de sirena que no ofrece riesgos sino sólo placer, la fábula romántica envuelve en su manto marino.

La poesía, sin embargo, no tuvo el mismo tinte delicado en el resto del programa, más proclive a la paranoia de ciencia ficción y los cuestionamientos metafísicos. Desde la rotoscopía de Waking Life de Richard Linklater (2001) hasta el manga más clásico de Papurika (Paprika, 2006), del japonés Satoshi Kon o la mezcla de técnicas de Maindo gêmu (Mind Games, 2004), de su compatriota Masaaki Yuasa, la exploración de la conciencia es ciertamente una generosa fuente de inspiración. Pese a su potente cásting (Vincent Gallo, Juliette Lewis, Udo Kier, Stellan Skarsgård y Alexander Skarsgård) y a su estreno en la Semana de la Crítica del festival de Venecia, Metropia (2009) tuvo un recorrido internacional más restringido, sobre todo en festivales especializados en cine fantástico. No obstante, con su control masivo de las conciencias de los ciudadanos-consumidores, la obra del sueco-egipcio Tarik Saleh construye un thriller geo-político-psicológico de una perturbadora oscuridad.

Peur(s) du noir

La oscuridad es la base de dos de los otros títulos de la retrospectiva. Por un lado, el original experimento a seis voces (y manos) de Peur(s) du noir (2007), una producción francesa que va intercalando los trabajos en blanco y negro de los artistas Blutch, Charles Burns, Marie Caillou, Pierre di Sciullo, Lorenzo Mattotti y Richard McGuire, consiguiendo una coherencia pese a la tremenda variedad de trazos, visiones, temáticas e imaginarios. Como su título ("miedo(s) de la oscuridad") lo deja adivinar, la mayoría de las propuestas juegan con la angustia y en algunos casos derechamente con los códigos de la fantasía y el terror.

La oscuridad también es central en la sombría y (como también lo indica el título) "nebulosa" ópera prima del checo Tomás Lunák, Alois Nebel (2011), a partir del personaje de novelas gráficas del dibujante Jaromír 99 y del escritor Jaroslav Rudiš, sobre los traumas de la II Guerra Mundial.

Tachiguishi-Retsuden

La animación puede ser un excelente medio de abordar la complejidad de la Historia, y "Animatopia" ofreció un amplio abanico de acercamientos. La evolución de la sociedad japonesa desde la guerra que culminó con la caída del imperio nipón sirve de telón de fondo tanto a Tatsumi (2011, y presentado en selección oficial de Cannes en 2012), el homenaje a –y excelente introducción a la obra gráfica de– Yoshihiro Tatsumi dirigido por el singapurense Eric Khoo, como a la singular Tachiguishi Retsuden (Tachigui: The Amazing Lives of the Fast Food Grifters, 2006). Estructurada como una seria investigación documental en torno a los "estafadores de comida rápida", la fascinante (pero agotadora) película de Mamoru Oshii (Ghost in the Shell) recorre la historia reciente del país a través de sus "héroes criminales", descritos en un nutrido –y a menudo repetitivo– texto recitado por una voz única, que hace pesado seguir los subtítulos. La exquisita imagen está creada con la técnica del "superlivemation", la animación digital de figuras recortadas y fondos de papel (fotografías o dibujos), creando un efecto de tridimensionalidad con objetos bidimensionales.

Si narrativamente Tachiguishi Retsuden se inscribe en la vena del falso documental, también pudieron (re)verse dos obras animadas directamente documentales: la moralmente compleja y discutible Vals im Bashir (Vals con Bashir, 2008), del israelita Ari Folman, 2008, y la más reciente y menos conocida Crulic – Drumul spre dincolo (Crulic – The Path to Beyond, 2011), de la rumana Anca Damian, sobre la muerte de un joven rumano encarcelado en Polonia, y que sucumbió a su huelga de hambre, clamando su inocencia hasta el final.

A Liar's Autobiography: The Untrue Story of Monty Python's G. Chapman

También inspirado en la realidad, pero reivindicando su falsedad desde el origen, el más reciente de los films presentados en la retrospectiva fue A Liar's Autobiography: The Untrue Story of Monty Python's Graham Chapman (2012), de Bill Jones, Jeff Simpson y Ben Timlett. Basada en la autobiografía publicada por el propio Chapman en 1980, la película recurre a una variedad de técnicas para rendir homenaje a uno de los fundadores del grupo cómico británico. Informativa y emotiva, pierde sin embargo la oportunidad de crear una mayor coherencia entre el tono y el contenido, ahogándose por momentos en su plétora de ideas insuficientemente estructuradas.

La animación puede ser maravillosamente tradicional, como en la soberbia Fantastic Mr. Fox (2009) de Wes Anderson y sus marionetas animadas; tiernamente desgarradora como las dolorosas tribulaciones de las figuras de plasticina de la australiana Mary and Max (2009), de Adam Elliot; el dibujo puede ser clásico para llegar fácilmente a un público amplio con una historia sensual y atractiva, como en la española Chico & Rita (2010, de Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Errando) y su mirada sobre la música y la sociedad cubana de las últimas décadas, o con un relato conmovedor –aunque no por ello menos gracioso– sobre la vejez en Arrugas (2011) del español Ignacio Ferreras.

Princess

Pero la animación también puede ser, y a menudo es, violenta, gore, perturbadora, desagradable... y la retrospectiva también dio cuenta de esas tendencias con trabajos como la sudcoreana Dwae-ji-ui wang (The King of Pigs) de Sang-ho Yeun, presente en la Quincena de los Realizadores en 2012 (y con unos "cerdos" bien distintos de los de la extravagante My Life as McDull, de Toe Yuen [2001, Hong Kong] sobre un esforzado pero limitado chanchito que busca complacder a su mamá). La húngara Nyócker (The District, 2004) de Áron Gauder, Erik Novak, juega con una falsa brutalidad, con una estética ingrata pero en el fondo un inocente tono casi infantil, para su versión de Romeo y Julieta en clave de racismo anti-gitano. Al contrario, el trazo de Princess (2006), del danés Anders Morgenthaler, puede parecer clásico y casi cándido, pero su tratamiento de la pornografía y la pedofilia es inclemente y rayano en la explotación. La opción de la filmación de actores para los flashbacks del personaje principal resulta coherente y agrega densidad a una historia que no rehúye la sordidez.

A la inversa, Bill Plympton nutre su trabajo con la sordidez de las imágenes, pero siempre en un tono amable y gracioso (quizás no para todos los gustos, pero sí en la intención). Hair High, su largometraje de 2004, resulta particularmente accesible dentro de su filmografía. Entre homenajes a Rebelde sin causa, Grease y otras historias de adolescentes rock 'n' roll, y a Carrie por el lado del "horror", la película saca risotadas pese a algunos estirones y repeticiones. Reivindicando la total independencia de su modo de producción, Plympton estuvo presente, vendiendo él mismo sus dvds a la salida del cine, para reunir fondos para su próximo proyecto.

Le Tableau

Mención aparte merece una obra reciente, que había tenido una relativa difusión, pero que merecería inscribirse entre los títulos fundamentales de la animación reciente. Con un dibujo plano muy tradicional para vehicular una reflexión acerca de la creación y ante todo política y sociedad, la película francesa Le Tableau de Jean-François Laguionie (2011) se dirige a un público de toda edad, gracias a un discurso construido en distintos niveles, desde la inmediatez más simple hasta una discusión más sutil y profunda. Un placer delicado, impecable y concentrado, que en una hora y cuarto cuenta bellas historias, deleita con lindas imágenes, pero sobre todo habla con metáforas simples pero sin concesiones de nuestra naturaleza.

 

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