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Tsai Ming-liang en la Berlinale 2014 Xi You: La lágrima de Denis

La presencia del gran realizador malayo con un film de sólo 56 minutos en la sección Panorama de la Berlinale 2014, vuelve a desafiar y fascinar con una obra de cine puro: el lento deambular de un monje budista por las calles de Marsella. (Foto: Xi You)

Por Pamela Biénzobas

La persistencia del plano de apertura no fastidia. Tampoco desconcierta, pues se entró a ver un film de Tsai Ming-liang. Más bien interpela, provoca. Y engaña con la ilusión de inmovilidad, hasta que un ligero brillo deja adivinar una lágrima cayendo por el rostro del actor francés Denis Lavant. Ese sutil desplazamiento de luz introduce toda la acción necesaria para conmover, intrigar y fascinar.

Xi You, el nuevo largometraje corto o mediometraje largo (56 minutos) de Tsai Ming-liang, tuvo su estreno en la sección Panorama de la recién pasada Berlinale 2014, resplandeciendo como un diamante raro; un híbrido entre performance filmada y cine puro. En cualquier caso, una experiencia íntima y personal vivida desde el asiento del cine. Journey to the West, según el título en inglés, sigue a un monje budista (Lee Kang-sheng, obviamente) que camina por la ciudad de Marsella, auspiciadora de la obra en el marco de su año como capital cultural de Europa. El monje "camina" a falta de un verbo más exacto en castellano para describir el desplazamiento imperturbable, continuo, pero a una velocidad mínima, desafiando la tensión entre quietud y movimiento. Es decir –yendo a las raíces-, desafiando el concepto de cine.

Lee Kang-sheng y Denis Lavant en Xi You

El eterno Lee Kang-sheng ya había interpretado al mismo monje errante en otros trabajos de Tsai. A fines de 2011, el cineasta montó una obra tríptica, "Only You", en el Chinese Taipei National Theater. Uno de los episodios, llamado "The Fish of Lee Kang-sheng: The Journey in the Desert", incluía una escena de treinta minutos en que Xiao Kang (nombre habitual de los personajes de Lee en la filmografía de Tsai) se desplazaba con extrema lentitud por el escenario. Al año siguiente retomó la idea con el monje moviéndose en varios cortometrajes (algunos visibles por internet), por varias ciudades, gracias a distintas colaboraciones y apoyos institucionales: No Form, Walker (un segmento del largometraje colectivo Beautiful 2012), Jingang jing (Diamond Sutra, que cerró la sección Orizzonti de la Biennale de Venecia en 2012), Walking on Water (para el trabajo colectivo Letters from the South)...

Como otros de sus trabajos, Xi You, y la serie en general, se inspira y toma su nombre del patrimonio tradicional budista. En este caso, la novela homónima data del siglo XVI y cuenta la peregrinación de un monje hacia la India (las regiones del "Oest" del título). La película, o experiencia cinematográfica, es un viaje. Por Marsella, de la manera más visible e inmediata; pero sobre todo a través de nuestras reacciones ante una serie (indudablemente diferente de uno a otro) de los cuestionamientos gatillados por el gesto de Tsai y de Lee. Y, en este caso –a diferencia de los cortos anteriores– de un segundo personaje, encarnado por Denis Lavant. "El seguidor" aparece en algunos fragmentos emulando los movimientos apenas perceptibles del monje, evocando el personaje del rey simio de la novela clásica. Y aparece sobre todo en esa apertura magnífica, dejando impreso el recuerdo de su rostro (simiesco, según Tsai) durante el resto de la obra.

Los primeros planos de Xi You nos sitúan en la naturaleza; en la "bahía de los simios" en la costa marsellesa, con sus rocas que evocan al animal de la novela. Pero luego entramos en la ciudad. Como en los cortometrajes de la serie, la elección de situar las acciones en ambientes (muy) urbanos acentúa la extrañeza que hace tan provocadora la acción. ¿Hacia dónde se dirige el monje, si es que se dirige a algún lado? ¿Por qué atraviesa esos lugares precisos? ¿Qué relación tiene con el entorno? Su calma y equilibrio son como una piedra lanzada en el mar de la agitación de los espacios por los que anda: un elemento sólido e imperturbable remece aún más lo que ya estaba en movimiento. Su serenidad es un grito. Su ensimismamiento interpela más que si estuviera predicando con un megáfono.

Los pasantes, en general ajenos al rodaje, son los primeros en verse confrontados a sus propias reacciones espontáneas (sin el beneficio de la anticipación y la intimidad de la sala de cine). Y nosotros nos confrontamos a las nuestras y también a las de ellos. Y observamos al monje casi milenario atravesar espacios, siglos y civilizaciones, y cuestionarnos sobre nuestra conciencia (o inconsciencia) acerca de nuestro destino, nuestra agitación, nuestra paradójica inmovilidad causada justamente por andar corriendo, a veces en círculos, mientras él avanza sin cesar, sin pedir permiso ni anunciar su rumbo, sin molestar –excepto a quienes molesta su equilibrada presencia-. Sin trastabillar.
 

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