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Film Estreno

Que pena tu familia

Lejos de la comedia Qué pena tu familia

Por Lídice Varas

"La trilogía más penosa llega a su fin". Así reza la frase promocional con la que López y compañía publicitan Qué pena tu familia. Lo contradictorio es que son los propios publicistas y no los críticos, lo que afirman el carácter penoso de las tres últimas cintas de López, son los mismos creativos los que juegan irónicamente con el lenguaje, haciendo gala de aquello que ha sido una de las principales carencias de su filmografía: no manejar las sutilezas del humor.

Todas las películas de López, sin excepción, beben de la comedia americana, estilo hermanos Farrelly o American Pie, sin llegar nunca a rozar el desenfado, la gracia o la acidez de aquellas. Tienen razón los creativos de Sobras, la casa productora de Qué pena tu familia, se cierra una trilogía penosa, y no porque dé pena, si no porque no dan ganas de reír.

Pese a eso, no se puede negar que Nicolás López es un director obstinado. No tiene más de treinta años y ya se puede dar el lujo de poner en su currículo que ha filmado cinco cintas, que trabaja con presupuestos millonarios (seis millones de dólares en Santos, 2008), que tiene películas exitosas en taquilla (Qué pena tu vida fue la cinta chilena más vista en el 2010) y que congrega a actores de la talla del español de Luis Tosar (Los lunes al sol, Celda 211); así y todo, López no abandona el nicho de comedias de chiste grueso y secreciones.

López, que es una especie de niño genio, productor con redes, un gestor de presupuestos, un motivador de masas, un lector de audiencias, no puede dar el salto hacia la comedia seria, honesta y empática.

He visto todas las películas de López en el cine, pagando la entrada y sentándome al lado de sus fanáticos. Lo he hecho no sólo por la decisión de López de no querer mostrar las películas a la crítica especializada, también porque es la mejor forma de evaluar la recepción en el público mirando y escuchando a aquellos que deciden comprar la entrada por gusto. Ver cómo funciona en la sala de cine un chiste que está pensado para una audiencia que no supera los treinta años (a veces ni siquiera los quince) y para ver si es sólo una cosa de la "amargura" propia del crítico de cine, como piensa López, el que una broma se sienta o no de mal gusto. Y el hecho es que López es un director eficiente: logra sacar risas, miradas cómplices y ruidos de asco. Pero también queda la sensación general del público de haber asistido a los 15 minutos de éxito de un humorista que para triunfar tiene que hacer gala de todo su repertorio más probado y picante.

La trilogía puede resumirse así: en Qué pena tu vida (2010) Javier (Ariel Levy), es un joven publicista que pierde a la novia y el trabajo, y sólo así se da cuenta que Ángela (Andrea Velasco), su mejor amiga, podría ser el amor de su vida. En Qué pena tu boda (2011) Javier y Ángela son pareja, ella queda embarazada y piensan en casarse, pero él se enreda con la hija de su jefe y Ángela pierde la guagua, pero se perdonan y al final se casan. Finalmente en Qué pena tu familia (2013), el matrimonio tiene un hijo, pasan por una crisis y deciden divorciarse.

La trilogía ha intentado abordar, desde la comedia, grandes problemas: el quiebre amoroso, el matrimonio y la separación; incluyendo giros dramáticos como lo es un aborto o la muerte. En cada una de ellas la pareja central lleva el drama y los personajes secundarios la comedia. Así, lo que es risible va de la mano de una madre histérica (Claudia Celedón), amigos extravagantes (Felipe Avello, Nicolás Martínez), ex novias maniáticas (Paz Bascuñán), viejos con Alzheimer (Julio Jung), amantes con problemas mentales (Ignacia Allamand) o citas extrañas (Elisa Zulueta) y lo que es "grave" y "complejo" son las peleas y conversaciones que desarrollan Javier y Ángela.

Pero drama y comedia jamás dialogan entre sí. López separa ambos polos y cada uno de ellos mira al otro como si fuera una rareza. Los personajes realizan monólogos funcionales, sin que haya dobleces en la historia. Así, vemos a Paco (Ramón Llao) llorar y gritar desaforado ante la tumba de su esposa y a los pocos minutos tener una nueva mujer al lado, con más pechugas y menos cerebro. En función de la risa fácil, López dilapida la escasa empatía que tras dos cintas había logrado ganarse el personaje. Hace una parodia al cine más combativo y militante, y al mismo tiempo construye una serie paralela al estilo Grey's Anatomy, como diciendo que se ríe de todo. Pero es un espejismo: a pesar de querer parecer políticamente incorrecto, en sus comedias el trasfondo siempre termina siendo conservador, con la consigna de que la familia es lo primero.

A López los grandes temas se le escapan de las manos, los anuncia como si fueran parte de su madurez como director, pero los desarrolla como si fueran una broma escolar, y claro, en ese contexto pueden sacar sonrisas, pero una cosa es lograr que el público se ría y otra muy diferente ser un buen comediante.

Qué pena tu familia
Chile, 2012
Dirección:
Producción:
Guión:
Fotografía:
Montaje:
Música:
Elenco:

Duración:
Nicolás López
Miguel Asencio, Nicolás López
Guillermo Amoedo, Nicolás López
Antonio Quercia
Diego Macho
Manu Ribiero
Ariel Levy, Andrea Velasco, Paz Bascuñán, Ignacia Allamand, Nicolás Martínez
100 minutos

> lei dijo: 29 de Julio de 2013 a las 20:55 hrs.
esta critica me suena exagerada y bastante pesada, la pelicula hacer que la gente se mate de la risa no es la intencion de esta pelicula.
No es una trilogia usual, si no que exploran las relaciones humanas de una forma profunda, pero a la vez lo suficientemente ridicula como para causar gracia.
Es una excelente pelicula
> C. Miope dijo: 14 de Enero de 2013 a las 14:42 hrs.
Creo que está bien disentir personalmente con aquel humor, pero exigirle a López que maneje las "sutilezas del humor" o sentenciar que "no puede llegar a comedia seria, honesta y empática” no tiene mucho sentido. Está claro que así es el humor de López y muchos lo entienden y disfrutan así; y así mismo le acomoda desarrollarlo a él porque sabe que funciona e incluso hasta ve la vida de esa manera, quien sabe. ¿Esto no tiene valor, no representa un sentir, una moral, una actitud valiosa hasta generacional? ¿Existe acaso “un” humor? (Aristófanes –clásico– llenaba sus obras de pedos, flatos, falos y muchas tallas similares).

Podría ser más útil hacer un esfuerzo e intentar encontrar lo que él propone, escudriñar y revelar algo que no se haya dicho de él, buscar valores o aciertos más allá de las menudencias que están ahí y que evidentemente a primera vista está claro que son superficiales...para quinceañeras. Alguien mayor debería poder ver mas y mejor.

Luego, eso de “….queda la sensación general del público de haber asistido a los 15 minutos de éxito de un humorista que para triunfar tiene que hacer gala de todo su repertorio más probado y picante”.
Un ardid esta afirmación, pues apela a un supuesto consenso mayoritario para intentar probar algo que, en definitiva, es únicamente lo que el redactor percibe o, mejor dicho, lo que le acomoda y quiere creer; aquella sensación “general” inexistente fuera de su mente.

Finalmente, poco aporta retrotraer plañideramente aquella disposición que tomó López de no hacer funciones de prensa. ¿Por qué deberia hacerla?, está claro que es una estrategia de marketing (opcional), una convensión modificable, no un tratado internacional. Hay que superar los traumas y adaptase.

Me quedo con esto, lo más interesante del texto, aunque rápidamente abandonado: "a pesar de querer parecer políticamente incorrecto, en sus comedias el trasfondo siempre termina siendo conservador, con la consigna de que la familia es lo primero". Pero sin embargo, aun ahí hay una lectura pobre. "Familia" no es sinónimo de conservadurismo, es una estructura bien elemental desde el punto de vista social, claro, pero López nutre o tilda la torpeza de los que pretenden formar familia, evidencia sus ineptitudes y hasta explora tangencialmente la familia que se forja no a través de la consanguinidad sino a través de un razonamiento "vocacional" como una camino mucho más estable o hasta sana (ejm; su madre ansiosa con el paco y el negrito haitiano), y no como resultado de un encuentro carnal que no necesariamente busca descendencia (Javier nunca quiso ser padre).
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