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Film Estreno

Shakespeare digital Mi amigo el gigante

Por Andrés Nazarala R.

Si con Tiburón Steven Spielberg demostró que con habilidad e ingenio se puede superar la estrechez de recursos, desde Encuentros cercanos del tercer tipo llevó el cine B que lo inspiró a nuevos niveles de sofisticación. Lo logró a puro talento, no hay duda, pero también gracias al uso de tecnología de punta. Por eso no es de extrañar que ahora, en la era del CGI, mejore aquella técnica de reconstrucción gestual que usó en Las aventuras de Tintin, la misma que tanta fama le dio a Peter Jackson a partir de El señor de los anillos.

La prueba del triunfo tecnológico se llama Mark Rylance. El actor británico –un shakesperiano de tomo y lomo- interpreta a un gigante diseñado digitalmente pero eso no impide que ofrezca un buen desempeño actoral. Esto hubiese sido impensable años atrás (además de una humillación para un lord de las tablas) pero hoy, en pleno siglo XXI, Spielberg permite que podamos cautivarnos con sus gestos, su mirada, su forma de expresarse. Digamos que la virtualidad no impide el correcto ejercicio de su oficio ni opaca su talento.

Propio del director de E.T. es también la inclusión de niños carismáticos dentro de su mundo de fantasía, en este caso una pequeña huérfana que el gigante captura como si fuese una mascota para posteriormente aceptarla como su única amiga. Sí, es un gigante bueno y solitario atrapado en un mundo de gigantes hostiles que habitan un territorio desconocido que no está en los mapas. Roald Dahl, autor de la historia original, quiso hablarnos de amistad y de la aceptación de las diferencias sin dejar de lado su habitual dosis de humor negro para niños.

Aunque parezca paradójico -tomando en cuenta que se trata de una cinta de fantasía digital-, Spielberg nunca pareció tan teatral. En una larga secuencia basada en diálogos, enfrenta a la huérfana con el gigante mostrando cómo el miedo puede transformarse en empatía. Ese encuentro es necesario para que luego emprendan una aventura juntos o, mejor dicho, resistan las amenazas de gigantes que desean a la niña como bocado.

Si bien el realizador adopta los recursos tecnológicos de esta era, no toma en cuenta sus estructuras narrativas. En tiempos de películas infantiles cargadas de estímulos, él regresa a una estructura clásica que resulta amable para el espectador, una calculada combinación de sentimentalismo y comedia.

Pero surge una pregunta: ¿por qué las apuestas de Spielberg eran capaces de impactarnos y ahora resultan más bien insípidas? Una posible respuesta es que el cine de entretención le alcanzó los talones a quien fuera un adelantado, un pionero en la creación de fantasías verosímiles. Pero otra puede ser que Spielberg ya no es capaz de entregar escenas memorables, como esa nave imponente aterrizando en Encuentros cercanos del tercer tipo o el mismísimo E.T. volando junto a Elliott sobre una bicicleta. Mi amigo el gigante entretiene pero es olvidable; digamos que es más correcta que sorprendente. Algo así como un vuelo de rutina en piloto automático.

The BFG
EEUU-Reino Unido-Canadá, 2016
Dirección:
Producción:
Guión:
Fotografía:
Montaje:
Música:
Elenco:

Duración:
Steven Spielberg
Frank Marshall, Sam Mercer y más
Melissa Mathison
Janusz Kaminski
Michael Kahn
John Williams
Mark Rylance, Ruby Barnhill, Penelope Wilton, Jemaine Clement
117 minutos

 

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