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Nadav Lapid, director de Policeman "Israel es un país de derecha con cine de izquierda"

Nadav Lapid

Ganadora del Bafici -como mejor película y mejor director-, premio especial del jurado en Locarno y mejor nuevo director en San Francisco, Policeman se encumbró como una de las películas más importantes del 2012. Conversamos con su director, el realizador israelí Nadav Lapid, en su paso por el festival norteamericano sobre su galardonada cinta que disecciona a la policía antiterrorista, y a un grupo de jóvenes revolucionarios, con ironía y desencanto. Una muestra de cine político sin consignas, héroes ni esperanzas.

Por Andrés Nazarala

Policeman se ha convertido en esas películas que lideran la temporada de festivales, recopilando premios, elogios y, por supuesto, también críticas adversas. Ganadora del Bafici, el premio especial del jurado en Locarno y el galardón que se entrega a los Nuevos Directores en San Francisco, la cinta del israelí Nadav Lapid no deja a nadie indiferente por las decisiones arriesgadas que toma. Partiendo por una estructura dialéctica que muestra, en la primera mitad (precisamente durante los 40 minutos iniciales), el día a día de un policía narciso, machista, nacionalista y prejuicioso y su interacción con su familia y sus amigos del escuadrón antiterrorista.

Cuando, a fuerza de risas y espantos, el público comienza a sentirse compenetrado con el singular universo de Yaron, la película nos lleva hacia unos punkies que destrozan un auto en la calle. Este pertenece a Shira, una joven de clase acomodada que, como veremos a continuación, lidera un grupo de radicales que planea secuestrar a un millonario como manifestación de descontento. La destrucción del vehículo, que funciona como escena de transición, parece un juego de niños si lo comparamos con los crueles y arrogantes planes de estos anarquistas que se robarán la segunda mitad del filme. La coda de estas dos historias simétricamente ensambladas será, lógicamente, el encuentro trágico e inevitable entre los policías y los radicales.

Lapid exhibe estos dos mundos con punto de vista crítico, construyendo una cinta política donde no hay héroes ni mártires. Todos son, probablemente, víctimas del status quo de un país en el que la violencia se ha instalado como mecanismo vital. Una mirada pesimista, por cierto, para un filme meticulosamente construido desde el guión que brilla además por sus buenas actuaciones y una puesta en escena impecable.

En el bar de un hotel de San Francisco, un amable Lapid se refiere a los pormenores de su primer largometraje (antes realizó cortos y un mediometraje llamado Emile's Girlfriend que pasó por Cannes), indudablemente una de las cintas que tuvo mayor impacto en el festival.

-¿A qué responde la decisión de dividir la película en dos partes?

Policeman

-Hay dos razones principales. Es común ver esas películas en las que un tipo toma café a las 8 am mientras, en otro lugar, una chica está duchándose. Y al final del día los dos se enamorarán o morirán en el mismo puente. En este tipo de filmes el tema principal es el camino que uno toma para llegar al otro, y a través de estos caminos se supone que llegaremos a conocerlos mejor. Cómo se encuentran es el gran asunto que se revela hacia el final. En Policeman el encuentro es lo más evidente, no hay misterios, es un encuentro mitológico entre policías y radicales. Los policías deben poner orden, están ahí para parar o matar a los que tratan de romper ese orden. El filme es un intento de dar un perfil existencial a estas figuras, deteniéndose en ellas.

En segundo lugar, creo que la película es sobre dos grupos incapaces de escapar de sí mismos y mirar más allá. Viven en prisiones, en submarinos, en espacios cerrados con sus valores, sus ideas y sus rutinas, pero no tienen la capacidad de mirar a los otros. Si pudiesen hacerlo quizás todo sería diferente, pero no pueden. Incluso en la mesa de edición no se pueden mezclar. Me di cuenta de esto en el montaje, no estaba concebido así desde el principio.

-En la historia del policía hay ciertas dosis de humor, basadas en su narcisismo y en la manera estructurada de ver las cosas. ¿Fue intencional?

-Las reacciones han sido tan distintas. En el Lincoln Center, de Nueva York, todos se reían como si fuese una comedia de Eddie Murphy. En Locarno no escuché a una sola persona reír. Yo creo que la primera parte es un poco divertida. No pensé en escribir una comedia pero hay algo que es gracioso de una manera algo perturbadora. Fue intencional que ellos hagan las cosas más surrealistas pero seriamente, como cuando los policías se saludan con golpes en el picnic, o cuando Yaron levanta a su madre de la silla para celebrar su cumpleaños. Eso genera una distancia irónica y divertida. Era importante también para mí que el policía fuese un tipo agradable. Esto es lo que lo hace siniestro, que sea agradable. No es el clásico policía corrupto de la NYPD, sino que es un tipo amable. Muchas mujeres soñarían con su esposo dándoles un masaje con tanta devoción como él se lo da a su mujer embarazada. Además, él lo hace de una manera perfecta y eso tiene que ver con la ejecución de las cosas..., con la manera en que estos policías realizan todo, desde un masaje hasta una matanza. El ejecuta lo que ella le dice, al pie de la letra. Para él es como la "operación masaje".

-Entiendo que este retrato provocó molestias en Israel...

Yaara Pelzig como Shira en Policeman

-Sí. Para mí la película fue prácticamente censurada porque la limitaron a 18 años de edad. Hubo un escándalo en la prensa y tuvo que intervenir el ministro de Cultura. Consideraron que podía transmitir malas ideas a la juventud de Israel. Es loco como ellos creen en el poder del cine. Eso me conmovió. Israel es un país muy de derecha con un cine de izquierda. A través del cine puedes entender los problemas de la sociedad pero raramente entiendes lo que la gente piensa. El gran problema de Israel es que hay mucha gente que cree que no hay problemas. El rol de los directores ha sido mostrarlos.

-La película muestra un enfrentamiento de israelíes contra israelíes. Es interesante la escena en que los policías se dan cuenta de que los enemigos no son terroristas islámicos sino que gente de su mismo país...

-Sí, Israel está marcada por la cohesión, la idea de que estamos todos juntos contra todos los otros. La idea de que Israel luche contra Israel es polémica.

-Policeman casi no tiene música incidental. ¿Fue una opción consciente?

-Instintivamente no pongo música, porque no sé cómo hacerlo. Es complicado y creo que en el 99% de las películas hay demasiada música. Cuando está bien hecho es maravilloso, pero yo le tengo un poco de miedo al recurso. En la película sólo hay música al final. Quería que le diera una dimensión universal a la historia. Aparece cuando están matando al millonario y de alguna manera quise decir que "esta es la historia de la humanidad, pasó antes y pasará en el futuro". Quise reflejar la incapacidad de cambiar el curso de las cosas.

-¿Me puedes hablar de Yiftach Klein, el actor protagónico?

Yiftach Klein (a la izquierda) en Policeman

-Él es un actor de televisión en Israel. Boxeó durante tres años para prepararse para la película e incluso convivió con un comando especial. Calza perfecto con el rol porque hay algo vacío en su mirada. Es una fachada sin nada atrás. También tiene un lado narcisista que ayuda mucho al personaje. Para mí él pertenece a un grupo de actores que pueden ser héroes del cine. Hay muchos buenos actores en el mundo, pero hay pocos "actores de postales". Él tiene algo icónico, como Montgomery Clift.

La actriz que interpreta a Shira también fue un hallazgo. Ella estudiaba teatro cuando filmamos. Pensé que sería difícil encontrar a la actriz ideal para el personaje, pero hizo una audición muy buena. En el rodaje, hizo lo suyo y mantuvo su distancia todo el tiempo. Cuando le explicaba algo, ella lo ejecutaba de una manera perfecta. Nunca hizo una toma mala. Y se metió tanto en el personaje que en algún momento me costó entender que la actriz no es la persona de la película. Después descubrí que en su vida ella es distinta, es muy risueña.

-¿Estás trabajando en una nueva película? ¿De qué va?

-Va a ser completamente distinta pero, al mismo tiempo, será lo mismo. Se centra en una profesora de kindergarten, de unos 50 años, que admira la poesía pero es una poetisa mediocre. Y descubre a un niño de 5 años de edad que se transforma en su muso. Ella tratará de salvarlo de la vulgaridad y la estupidez de este mundo, de Hollywood, Facebook, etc... Puede sonar como una película divertida pero no lo será en absoluto. Me intriga el mundo de los poetas. En Israel voy siempre a lecturas y nunca hay más de 20 personas... y todos son poetas. Uno lee, otro aplaude, luego ése lee y el otro aplaude. Es como un circo donde en el que se van intercambiando los roles. Es un universo extraño.

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